Pequeños Secretos

Luna tiene los pezones morenos y tiernos. Cuando se los acaricia se encienden y ella se deleita viéndolos oscurecerse aún más.
Hace calor en la habitación, la hora de la siesta ha caído sobre la casa de verano y mientras todos duermen, a ella le brillan los ojos como la miel.
Frente al espejo las manos aprenden un nuevo recorrido sobre el cuerpo que de pronto ha cambiado, que se despereza inquieto. Sus pequeños dedos descubren las promesas que se esconden entre el vello suave y oscuro cubriendo la hendidura invisible del dulce sexo.
Pero sabe que su hermoso triángulo guarda una promesa desconocida, por eso su dedo se desliza abriendo e indagando y siente la humedad que lo envuelve de un calor algo pegajoso.
Va tocando, palpando esa piel diferente y cálida, siente un enorme placer y se inquieta, su boca se seca, sus ojos se cierran y su dedo juega a perderse, a subir y a bajar por su sexo buscando esa sensación que la llena .
Su negro pelo se derrama en flecos húmedos sobre la espalda mojada de sudor.
Separa las piernas y siente entre los dedos, una almendra de fuego que late gozosa entre pliegues sonrosados que despiertan al tacto. Arde de placer, su coño se empapa y ella ronronea y suspira .Sus caderas se agitan y sus manos se concentran en frotar, en seguir más, mucho más.

Un gemido entrecortado despierta a Mar, que se incorpora escuchando como vuelve a repetirse . El calor la arranca de la cama y desnuda camina en puntas de pié por el pasillo.
Se acerca silenciosa siguiendo el rastro del sonido que la lleva a la puerta entornada del cuarto de su prima. Apoyándose apenas en el marco de la puerta se asoma y la visión del cuerpo de Luna envuelto en la luz dorada de la tarde, con su cabello lacio cayendo por la espalda, la atrapa en una espiral de calor y no puede dejar de mirar el recorrido que los dedos trazan en la piel morena de esa niña mujer que se masturba frente al espejo.
Se queda quieta para mirarla en silencio mientras siente como la humedad de su sexo la moja y la agita. Conteniendo la respiración aprieta los muslos sintiendo su clítoris latir con intensidad.
Súbitamente solo desea tocarla, lamer esos pechos recientes, acariciar el pubis con delicadeza. Se roza los pezones que están duros y sus dedos tiemblan de deseo al enredarse en el vello ardiente , pero en el momento en que intenta acomodarse mejor, mueve la puerta que cruje suavemente, entonces Luna se gira sofocando un grito al verla.
Mar, que sabe el secreto que guardan las ingles, se lleva un dedo a los labios pidiéndole silencio y entra en el dormitorio cerrando la puerta tras de sí. Están solas y desnudas, se miran con curiosidad y alegría, examinando cada centímetro de sus pieles tan diferentes que contrastan llenas de sensualidad. Luna, morena y espigada, con suaves curvas adolescentes, y ella blanca y carnosa, con su ondulado cabello pelirrojo y su pubis de fuego ensortijado .
Mar sonríe, y lentamente le toca los pechos, acaricia con delicadeza su tersura, y se inclina para lamer los pezones que se tensan al sentir la lengua caliente. Luna cierra los ojos, se sumerge inquieta en ese nuevo universo que la envuelve y que no quiere dejar de sentir. Se deja chupar, acariciar, no quiere que acabe nunca. El espejo las refleja bañadas por la magia del deseo y el contraste de sus pieles, hace ese instante perfecto.
Rozan sus pezones, se aprietan, palpan con avidez la carne encendida . Y por fin sus lenguas se encuentran, Luna es besada por primera vez, el placer es desconocido y feroz, por eso, cuando la boca de Mar tantea la suya, ella abre los labios y la recibe dejando que las salivas se mezclen sintiendo las dos el rastro tibio de sus jugos entre los muslos.
Shh! Murmuran riendo, con el corazón al galope, con los sentidos desplegados, cayendo felices en la cama sin dejar de acariciarse.
El calor se cuela por sus cuerpos estrechamente apretados, gotas de sudor resbalan por la piel mezclándose con el vello de sus sexos que se frotan. Uno pelirrojo con suaves labios mojados, y el otro moreno húmedo y abierto.
Entrelazan las piernas para poder rozar sus clítoris moviéndose en una danza íntima.
Mar pasea su lengua por tiernos rincones, chupa los pequeños pechos que se tensan al contacto, lame sus pezones erectos, le roza el ombligo y su rojo cabello se desliza como un río de cobre por el vientre de Luna que se abre como una flor.
Va besando el pubis y con el dedo masajea la hermosa hendidura, ese clítoris turgente que se moja aún más con la caricia.
La punta de la lengua sigue el mismo recorrido, lo lame golosamente oyéndola jadear y mover las caderas camino al orgasmo.
Entonces con el deseo de darle el mismo placer, Luna se coloca sobre ella con su pubis al alcance de la boca de Mar, y ve ante sus ojos como se abre el brillante sexo de su prima, sintiendo que si besa ese coño pelirrojo, morirá de placer.
Un placer prohibido y morboso que le ha abierto las puertas de lo desconocido.
El cuerpo de Mar, suave y pálido tiembla cuando Luna pasa la lengua por todo su vientre y la hunde con hambre entre sus ingles.
El gozo es infinito, los sexos brillan húmedos y las lenguas beben, se detienen lamiendo y haciendo vibrar cada milímetro de sus clítoris tensos que se abren al deleite de ser chupados.
Los latidos que invaden a Mar la catapultan al orgasmo, y ella se entrega con un largo gemido, invadida por la inmensa ola de placer tan ansiado. Satisfecha hunde a su vez la lengua entre los pliegues de Luna, succionando y apretándose contra las nalgas morenas.
Cuando su boca roza el clítoris hinchado, juega con él besándolo, haciendo círculos empapados de saliva, sus manos acarician el trasero , la cintura y por fin Luna se corre, feliz y libre agitándose en cada contracción de ese orgasmo largo y poderoso.
Con suaves murmullos se dejan caer en la cama, suspiran aún estremecidas de placer. Apenas corre una ligera brisa que marca el comienzo del atardecer.
Los cabellos húmedos y despeinados dibujan extrañas formas en la almohada y los cuerpos sudorosos recuperan la calma.
Se besan una vez más, reconociéndose después del juego y del dulce descubrimiento que las une.
Luna y Mar son ya las dueñas de sus cuerpos jóvenes y libres, abiertos al deseo de volver a tocarse urgentes en cada rincón de la casona, a rozarse fugazmente bajo las sombras o en las siestas perezosas de ese verano inolvidable. Guardando cuidadosas sus pequeños secretos.

Luna Roja

~ por CamaDeRosas en julio 11, 2007.

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