La obra de al lado

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Un día de lluvia por la tarde, uno de los chicos de la obra  me pidió que  le dejara guardar una carretilla en nuestra nave,  la guardó y me dejó la llave, pidiéndome así que al día siguiente por la mañana se la entregara a un compañero suyo que vendría a buscarla. 

A la mañana siguiente se presento un chico a buscar la llave, yo estaba sola, subió las escaleras y al entrar, note la olor que desprendía, una olor fuerte, olor de un hombre trabajador y fuerte. Eso transmitió.  Solo con lo que se me pasó por la mente al notar su olor, me sonrojé. Era joven, fuerte y guapo. En nuestra breve y corta conversación,  él  se presentó y me pidió la llave.  Al dársela y sin mediar palabra me cogió fuerte de la mano y tiró hacia él.  No se como pudo saber que yo deseaba que sucediera. Me presionó contra su pecho sucio y sudoroso, y empezó a besarme con fuerza, me hacia daño, sin dejar de forzarme, no pude ni hacer el intento de moverme,… pero creo que no se me ocurrió hacerlo, pues me gustaba lo que estaba pasando.   

Me tiró allí mismo en aquella mesa de la entrada, y empezó a arrancarme la ropa. La desesperación y la fuerza que utilizaba, hacían que yo estuviera dispuesta a todo.  Lamió mi cuello… y… Yo me estremecía y con aquella olor tan fuerte que él desprendía aun me excitaba más.
Allí en aquella mesa, y tumbada boca arriba, él empezó a lamerme por todos los rincones, y al llegar al lugar mas excitante se detuvo y lentamente fue lamiendo todo lo que allí encontró… arriba… abajo…,  eran increíbles sus movimientos con la lengua, yo no podía concentrarme en no chillar ni en no moverme, pues temblaba de placer y él seguía todos mis movimientos con su lengua,  sabia perfectamente donde lamer con mas intensidad para oírme gritar. Después de suplicarle que parara porque me daban temblores, él paro y me dio la vuelta, siguió lamiéndome, esta vez en mi otro agujero, y una vez lo tuvo lubricado procedió a una bestial penetración, en la cual se me escapó un brutal grito al sentir mi desgarrado culito.  Pese a mi malestar evidente,  poco a poco fui desinhibiéndome del dolor y empecé a sentir un placer extraño, extraño porque nunca antes lo hube experimentado, no sabría como definir ese extraño placer. Durante aquel rato solo sentía su respiración,  una respiración fuerte,  que aun hacia mas excitante aquel momento.
La mesa tenía una medida ideal, pues al darme la vuelta quedaba justo a su altura,  él yacía de pie y yo tumbada, así nuestros movimientos eran perfectos y sincronizados. Realmente estábamos gozando, cada vez nuestros movimientos eran mas rápidos y la vez mas excitantes, con tanta rapidez y tanto placer  ya no podía saber cuantas veces me había ido, pero él seguía para no dejar de darme placer.  Hasta que llegó el punto álgido de su satisfacción, y fue entonces cuando dejó de moverse, y decidió culminar mi fantasía acercando su verga  a mi cara, y sin mediar palabra,  dejó caer toda aquella leche sobre mi rostro. Y desperté!

Mercedes.

~ por CamaDeRosas en febrero 4, 2008.

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